logo

¡Bienvenido! 

LA COLONIA TABACALERA
Sus orígenes, Transformación y Presente
monumento-revolucion-mexicana.png
De acuerdo con Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, el área que ocupa la Tabacalera se llamó en tiempos prehispánicos Mazatziutamalco, ya después los españoles le pusieron Zapotlán y barrio del Calvario. El historiador que vivió durante los siglos XVI y XVII también cuenta que por este lugar pasaba una acequia de nombre Tolteca Acalopan, la que según una vieja leyenda saltó Pedro de Alvarado en la Noche Triste. El salto debió ocurrir donde hoy cruzan las calles Puente de Alvarado y Jesús Terán, muy cerca del desaparecido Tívoli del Eliseo y de la calle Rosales, en la que nació Carlos Monsiváis. En la esquina de Rosales y Puente de Alvarado existe una librería que vale la pena revisar antes de enfrentar al amo y señor de la colonia: el Museo Nacional de San Carlos (Puente de Alvarado 50) en la casa del conde de Buenavista, erigido por Manuel Tolsá. Hace más o menos un siglo el palacio albergó a la compañía Tabacalera Mexicana Basagoiti Zaldo y Compañía, de ahí el nombre de la colonia. El Museo Nacional de San Carlos exhibe una colección muy interesante de arte europeo de los siglos XIV al XIX.
http://ciudadanosenred.com.mx/sites/default/files/parque_tabacalera.jpg
Se entiende que Carlos Fuentes arranque la exposición de los personajes de La región más transparente (1958) en las inmediaciones de Paseo de la Reforma y Rosales, esquina en la que inicia o termina Bucareli y en donde estuvieron durante el XIX primero un toreo y luego la famosa casa de Ignacio de la Torre. No estamos ante un cruce de avenidas cualquiera, podría decirse que esta glorieta es una de las vértebras de la ciudad. Desde 1945 se yergue aquí la maravillosa sede art decó de la Lotería Nacional, familiarmente conocida como El Moro por el aspecto morisco que tuvo el proyecto original. Con más de metros fue el edificio más alto de la ciudad.
Al arquitecto Obregón Santacilia, bisnieto del presidente Juárez, le debemos el Monumento a la Revolución, obra importantísima de la arquitectura post revolucionaria. Ya se sabe que la enorme estructura iba a ser el Palacio Legislativo y que la Revolución Mexicana detuvo los planes. Actualmente el Monumento luce feliz con su mirador espléndido, una galería subterránea y la posibilidad de visitar la linternilla. Sólo falta que se resucite al Frontón México para que la Plaza de la República se convierta en el sitio más alegre de la delegación Cuauhtémoc.
Un paseo por la colonia Tabacalera puede suscitar encuentros inusuales: ahí están por ejemplo la primera sex shop de la Ciudad de México en Ezequiel Montes 78, que fue abierta a principios de los años noventa, o la fonda que sirve comida iraní en José María Iglesias 7. Asimismo llama la atención la Casa de los Amigos (Ignacio Mariscal 132), ubicada desde hace casi 60 años en una construcción de Luis Barragán que funcionó como casa y estudio del muralista y litógrafo José Clemente Orozco. La Casa de los Amigos promueve actividades basadas en valores cuáqueros. Por último se hace necesario tomarse una cerveza artesanal en Crisanta (Plaza de la República 51), echarse una comida corrida en el añejo Casa Rojas (Antonio Caso 100) o degustar un risotto con queso cabrales en Mesón Puerto Chico (José María Iglesias 55). Y al final un helado de tabaco, único en la ciudad, en la heladería con más solera, La Especial de París (Insurgentes Centro 117), no le hace que quede en la colonia de junto. La San Rafael bien vale un helado tabacalero.
Fuente: www.mexicocity.gob.mx

 

El Art-Nouveau en México

Desde la muy remota época del arte clásico de los griegos y los romanos, pero sobre todo en el ámbito de la arquitectura, se ha enseñado que lo rectilíneo es de buen gusto y lo más adecuado para darle un toque elegante a los grandes edificios, pero hubo una época donde lo de 'moda' eran los detalles curvos que imitaran a las formas de la naturaleza.

Ubicados en la línea del tiempo, tenemos al estilo Gótico, de los siglos XIII y XIV; del Barroco o Churrigueresco de los siglos XVII y XVIII y por último, tenemos el Art-Nouveau (1893-1914), llamado el estilo del 'libre espíritu' y que fue precursor del Arte Moderno.

El origen de esta tendencia la encontramos en la que fue la nación europea más industrializada de finales del siglo XIX, Bélgica, en 1893 a través del arquitecto Víctor Orta con su famosa y curvilínea 'Cassa Tassel'. El Art-Nouveau murió en 1914 con el advenimiento de la Primera Guerra Mundial, dejando lugar al Cubismo en pintura, y al Funcionalismo en arquitectura, tendencia que continúa hasta nuestros días.

En México, el Art-Nouveau llegó en la época del Porfiriato y aunque invadió toda la ciudad, principalmente se estableció en las colonias que apenas tomaban forma: la Roma y la Juárez. Lamentablemente, no son muchas las construcciones con este estilo que aún se mantienen de pie, el exponente más grande hasta ahora, es el exterior del Palacio de Bellas Artes, ya que el interior pertenece a un periodo de Art-Nouveau tardío, llamado Art-Déco.

Después del Palacio de Bellas Artes, tenemos el actual edicio del Gran Hotel de la Ciudad de México, del que destaca el extraordinario plafond con las iniciales CM del Centro Mercantil, una tienda departamental que originalmente ocupaba ese lugar del viejo Portal de Mercaderes. Es importante mencionar, que este edificio fue el primero en México en contar con un elevador eléctrico y un elegante sistema de aire acondicionado.

Otros ejemplos importantes de Art-Nouveau los encontramos en las calles de Londres número 25, Guanajuato 63, Chihuahua 78, Nápoles 33, Donceles 82, Florencia 41 y Santa Veracruz 43, casa habitada por don José Luis Requena y que en su interior no se reconoce ni una línea recta.

El Art-Nouveau en México fue el que más floreció en toda América Latina y sigue siendo reconocido como un gran estilo libre e ingenioso, digno de admirarse hasta nuestros días.

FUENTE: Revista Torre de Papel, México, septiembre-octubre, México, 1997.
FOTOGRAFÍA: Google

 

El organillero mexicano

Los primeros organillos fueron fabricados en Alemania pero también fueron importados a México por varios fabricantes italianos en el año de 1884. La casa comercial que los puso en venta dentro del país fue la A. Wagner & Levien Sucs. que contaba con tres sucursales en todo el país. Las primeras presentaciones que se hicieron de este instrumento se realizaron en ferias, circos y grandes plazas, propiciando que este instrumento se volviera rápidamente parte del folklore nacional y de la cultura popular.

Los organillos comenzaron a construirse en Berlín, Alemania pero poco antes de la Primera Guerra Mundial, en 1912, dejaron de producirse ya que la industria militar de ese país exigía cada vez más trabajadores. Años después, en 1925 se reinició su fabricación pero la calidad fue disminuyendo, por lo que en 1927 se dejaron de producir por parte de la fábrica alemana.

Cuando llegaron a México, el valor de este instrumento era de $450.00; para 1912 ya costaba $462.30 y luego en 1925 se quedó en $540.00.

Era inevitable que los organillos pasaran a formar parte importante de la cultura popular mexicana, en ese tiempo, buena parte de la población no podía asistir a grandes eventos musicales, por lo que el organillo se hizo indispensable para amenizar las fiestas en ferias y bailes; los nuevos 'cilindreros' comenzaron a llevar las melodías populares a toda la República, para acercar la música al mayor número de gente posible y también para ganarse la vida.


FUENTE: *La vida de los organilleros, tradición que se pierde, Víctor Inzúa, México, Conaculta 2005.
FOTOGRAFÍA: Google

 

pie

 

 

Aeropuerto Internacional de la Ciudad México
Sala F 1. Piso 4 Area Internacional.
Col. Peñón de los Baños C.P. 15620 México, D.F.
TEL/FAX (55) 5872 7265
Nextel (55) 3617 3581 Nextel Id. 62*14*10416
e-mail: alcom@prodigy.net.mx
Reg. Nacional de Turismo No. 7004555